Para ti Lucía

 Antonia Giménez tiene 92 años, vive sola en Pan de Azúcar, ciudad donde nació y donde piensa morir vendiendo yuyos contra diversos males. Hasta hoy, pocos sabían de su amistad con la primera dama, Lucía Topolansky, con quien intercambia impresiones, de puño y letra, sobre la marcha del país y del gobierno. Antonia supo ser la peluquera “de moda” en el Pan de Azúcar de los 60’. Es una eterna militante frenteamplista y madre del veterano Miguel Ángel Núñez, exiliado en Argentina durante la dictadura militar.

Su relación con la primera dama, Lucía Topolansky, es estrecha y sin pelos en la lengua… sin borrones en la letra, podría decirse, porque la comunicación entre ambas es estrictamente epistolar. Por ese medio, casi en extinción, Antonia le pasa factura a Lucía de todas las cosas que no le gustan del gobierno frenteamplista aunque dice que morirá bajo la bandera tricolor.

De esta relación poco se sabía hasta este jueves, cuando el semanario Búsqueda reconstruyó una anécdota contada por la propia Topolansky el 1º de este mes durante la reunión entre la bancada frenteamplista, el presidente José Mujica y algunos ministros en la residencia de Suárez.

“Suele decir Pepe que la democracia empieza por la oreja, por escuchar. Después hay que debatir. Pero llega un momento en que hay que resolver y cumplir”, le escribió la senadora el 9 de enero, días antes de esa reunión donde el presidente insistió en apretar a los legisladores para que se acerquen a la gente y difundan las cosas buenas del gobierno.

Lo más duro del 2012 no fue “la lucha con las dificultades ni los problemas”, “ni la polémica con la oposición”, “ni con la prensa, esa que las más de las veces nos desinforma”. “Lo más duro querida compañera fue la discrepancia interna, llevada a veces al extremo”, escribió líneas abajo Topolansky, a modo de balance anual para su amiga pandeazuquense.

No se puede leer mucho más, porque Antonia no permite que ojos extraños repasen las letras de maestra escritas en hojas de la UNASUR. Apenas una posdata asoma entre papeles con membrete del Poder Legislativo: “No te mando saludos del Pepe porque está volando a Venezuela, fue a acompañar a ese pueblo hermano”, deja ojear, antes de ocultar la cuartilla como un secreto de Estado.

La legalización de la marihuana, la contribución inmobiliaria que pagan los jubilados con magros ingresos, el aumento de las tarifas de UTE, el balance de gestión del gobierno en 2012, son asuntos que preocupan a Antonia y así se lo hace saber a la primera dama, que siempre le responde con dedicación y afecto.

“Yo siempre estuve al pie del cañón. Cuando detuvieron a Lucía y a Pepe yo oré mucho por ellos sin conocerlos más que por las fotos. Veía a aquella muchacha tan bonita y tan frágil luchando hasta el extremo en que luchó, por una causa tan noble como la que ella defendía”, cuenta Antonia, con la ternura de una madre y la voz de una señora mucho menor que ella. “Y todas las injusticias que le hicieron…”, lamenta.

Dice que cuando la pareja fue liberada ella buscó a Lucía y la encontró a través de su hermana, a quien ubicó por la guía telefónica. Desde entonces le escribe y siempre recibe respuesta y siempre se promete que no la molestará más pero vuelve a enviarle quejas y opiniones. Porque la propia Lucía la insta a continuar, porque “le interesa saber lo que piensa la gente”.

La voz de Antonia en la radio alerta a varios vecinos, que no tienen empacho en aporrear el timbre y entrar a saludar en medio de la entrevista. A pesar de las muestras de afecto, Antonia dice que se siente sola y “desechada” por mucha gente, debido a su forma de pensar.

“Nunca dejaré de ser del Frente, moriré siendo del Frente”, enfatiza. Y da su dirección y su número de teléfono porque está abierta al debate, a que la interpelen. Como interpela, de tanto en tanto, a la esposa del Presidente.

(producción y foto: María Princesa Arévalo, corresponsal en Zona Oeste)Radio Gente
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