La realidad de un marido y de un padre que perdió el trabajo es complicada y muy dura. Incluso desesperante porque no se sabe cuánto durará. Por eso es alentador conocer el testimonio de hombres que...
Articulista Marta Fresno M.
"Si usted piensa que usted puede, o usted piensa que usted no puede... Usted tiene la razón."
MONTEVIDEO
Hay que tratar de resolver los conflictos por la vía de la negociación. No estancarse en una lucha indefinida, en una confrontación que al final le cuesta mucho y en la que termina perdiendo mucho más. Porque cuando uno está en el gobierno también hay que mirar cómo se incide en el resto de la gente. No hay derecho a amargarle la vida a muchísima gente". Así, sacado de contexto, parece un sabio consejo de José Mujica a los Kirchner (de esos que la Casa Rosada puede jactarse de haber desaprovechado siempre). Pero el candidato presidencial del Frente Amplio está hablando estrictamente de "la posición filosófica e inteligente" del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva.
En realidad, Mujica dice que a la pareja gobernante de la Argentina no quiere darle consejos ("¿quién soy yo para hacerlo?"), pero no cree que compartan el mismo sendero: "Es que no sé cuál es la ideología de los Kirchner. Parece que son progresistas, pero también son peronistas. En Uruguay nos resulta bravísimo entenderlo".
Su intención no era perjudicar al gobierno argentino (de hecho, anteayer, cinco días después de recibir a Enfoques en Montevideo, se reunió en Buenos Aires con la Presidenta), pero así es "El Pepe" y aquí todos lo saben. Porque hace rato que este hombre de 74 años, con pinta de abuelo bonachón y pasado de guerrillero, rompió con aquella máxima que indica que para sobrevivir hay que ser políticamente correcto.
Es frontal, polémico, sanguíneo. Uruguayo por donde se lo mire y enrolado en la izquierda por donde se lo escuche, aunque no tanto como para quedar pegado a ciertos dogmas. "Si por izquierda se entiende defender una fuerte intervención del Estado y una fuerte tendencia estatizante, yo no tengo nada que ver con eso", sorprende durante el diálogo, en el que admite que le pidió a su candidato a vicepresidente, Danilo Astori, que se encargue de la economía si llegan a ganar las elecciones "como un gesto para decirle al establishment : política sin barquinazos, sin cambios bruscos ni nada por el estilo".
Es tanto el hombre de campo, sencillo y rústico, que sigue viviendo en una modesta chacra a 20 minutos del centro de esta capital, como el dirigente que en los años sesenta eligió la lucha armada como miembro de los Tupamaros, estuvo preso catorce años, fue torturado y hoy está cada vez más cerca de convertirse en el próximo presidente de su país como sucesor del también frenteamplista Tabaré Vázquez.
Mujica lidera hoy las encuestas con un 45% de intención de voto. Hace un mes, parecía no poder evitar el ballottage con Luis Lacalle, su rival del Partido Nacional, que ya fue presidente de Uruguay entre 1990 y 1995. Este "Pepe" que puede convertirse en el primer presidente de América latina con pasado de guerrillero es el mismo que está ahora en el enorme quincho ubicado a pocos metros de su casa, que parece salido del túnel del tiempo por las fotos del "Che" Guevara y de Salvador Allende con Pablo Neruda.
El candidato, vestido de entrecasa y acompañado por muchos de sus amigos y por su esposa, la senadora Lucía Topolansky, una ex militante tupamara con fama de intransigente, dice que se arrepiente de los hechos violentos que protagonizó como guerrillero, aunque aclara que "la violencia, en Uruguay, fue muy justificada". Y advierte: "De lo que me tengo que arrepentir de la lucha armada es de que este pueblo se comió 16 años de dictadura y no la pudimos sacar a patadas".
Aun así, Mujica admite que sus 14 años de prisión cambiaron algunas de sus ideas y le hicieron pensar, por ejemplo, que "hay que pelear por los derechos humanos de los que están vivos" y que "no quiere militares viejos presos". Algunas definiciones por las que en la Argentina seguramente sería considerado cómplice de los represores. "Me interesa la verdad, pero, ¿las sociedades se bancan eso? La Justicia tiene un hedor a venganza de la puta madre que lo parió", señala.
Video: Mujica: «Yo no sé cuál es la ideología de los Kirchner»
-Usted dijo: "No tengo pinta de presidente. Los presidentes pertenecen a otra clase o se suben a otra clase". ¿Qué tipo de presidente imagina será si gana las elecciones?
-Soy un tipo común y corriente. De los que caminan por la calle. Hay un estereotipo de presidente y la gente tiene en la cabeza un modo de ser que no encaja en lo que yo soy.
-Más allá de los estereotipos, es cierto que muchas veces los presidentes terminan encerrados, alejados de la gente.
-La soledad del poder. Eso es una plaga. Y un peligro. Pero lo peor es quedar rodeado de alcahuetes. De los que le dicen que todo está fenómeno.
-¿Usted no tendrá alcahuetes alrededor?
-Voy a tratar de darles pelota a los que discrepan. Y de escuchar a los heterodoxos. Mire: si la democracia existe, la forma que más la representa es la oreja, no la lengua. Paso mucho tiempo escuchando gente por ahí, por cualquier lado.
-¿Su triunfo representará un giro a la izquierda del Frente Amplio? ¿Su gestión estará más a la izquierda que la de Tabaré?
-No lo definiría como más a la izquierda, sino en la línea de él. Si por izquierda se entiende una fuerte intervención del Estado y una tendencia estatizante, no tengo nada que ver con eso.
-¿No es lo pensaba tradicionalmente?
-Yo soy más libertario que estatista. Me inclino por otro lado. Y no soy muy amigo de la burocracia ni nada por el estilo. Mis ideas socialistas están muy impregnadas por los fenómenos de autogestión, pero no confundo el poder del Estado.
-Me llama la atención que usted no hable de un Estado más fuerte mientras Lacalle, su principal adversario en las elecciones y con un perfil liberal, casi diga lo contrario.
-Ha pasado la onda expansiva por la que el mercado era la nueva religión y lo arreglaba todo. El péndulo está un poco de vuelta. Tampoco estamos en 1960, cuando el Estado se tenía que meter en todo. Estamos por un equilibrio. El Estado tiene que intervenir, sobre todo para forzar al reparto social. Porque tienden a quedar bolsones que el mercado no los arregla y que después terminan saliendo mucho más caros. Tal vez los problemas de seguridad que tenemos hoy son consecuencia de problemas sociales que hace 15 años que no arreglamos, por lo menos en parte.
-Su candidato a vicepresidente, Astori, representa el sector más moderado del Frente Amplio, y usted dijo que quería darle el manejo de la economía si llegan a ganar. ¿Es un gesto al establishment , que todavía lo mira a usted con desconfianza?
-Sí, claramente. Un gesto como para decirle al establishment : política sin barquinazos, sin cambios bruscos ni nada por el estilo.
-¿Mantendrá la política económica que lleva adelante Tabaré?
-Sí, y con una previsibilidad medible. Nada de aventuras. Eso lo que el queremos transmitir. La Constitución marca que el vicepresidente tiene que ser presidente del Senado, y desde ese punto de vista tendría que negociar con el parlamento. Sin embargo, Astori es buenísimo para manejar la economía, pero no es bueno para negociar en el Senado. Esto lo he charlado con él. Lo que demostró que camina fenómeno, vamos arriba.
-¿Los empresarios sienten desconfianza hacia usted, pese a estos gestos?
-Sí, no creo que sean todos, pero es natural que haya algunos que desconfíen. Tienen que desconfiar porque tienen que cuidar la plata.
-¿Cómo los piensa conquistar?
-Con paciencia... [Se queda reflexionando.] Pero no los tengo que conquistar porque no voy a ganar con el voto de ellos. A los empresarios los precisamos para que sean empresarios, para que trabajen, para que multipliquen los bienes. Después, que voten a Magoya. Es lo de menos.
-Los críticos del Frente Amplio dicen que ustedes hablan de la posibilidad de llamar a una asamblea constituyente porque quieren reformar la Constitución para reformar el concepto de la propiedad privada. ¿Es así?
-Eso fue una tomadura de pelo que les hice porque acá hay un personaje de la política que se llamaba Wilson Ferreira Aldunate, que lo usaban para barrido y fregado. Entonces yo les dije: "Voy a resucitar el programa de Wilson, Mi compromiso con usted", que decía que no se podía tener más de 2500 hectáreas de tierra. Ja... ¡Pa´ qué!
-De todas formas, aunque lo haya dicho en broma, ¿cree que hay que reformar la Constitución? ¿En qué aspectos?
-La Constitución merece reformarse, pero no gastaría pólvora en chimangos si no hay acuerdo con la oposición: una cosa es reformarla y otra es tener una guerra interna. No vamos a partir el país por cambiar una letra a la que después le damos pelota más o menos. No creo en el progreso manuscrito.
-¿Qué cosas reformaría?
-Por ejemplo, soy unicameralista para un país como el Uruguay. Y tenemos un año de elecciones. Ahora, después de estas del 25 de octubre, vienen las municipales. ¡Nos pasamos un año y pico haciendo elecciones! Es una barbaridad.
-¿Y una reforma agraria?
-No, puede ser un tema que habría que discutir si se pone un tope a la propiedad de la tierra. Es un bien no reproducible que está ahí. Muchos países lo tienen y no son nada socialistas.
-Usted dijo alguna vez que el Mercosur le daba fiebre. ¿Qué se puede hacer para que el bloque funcione como tal y deje atrás esas diferencias que son tan tradicionales?
-El Mercosur está excesivamente fenicio. Arrancó con una visión demasiado comercial y tiene dificultades porque los grandes países durante mucho tiempo van a tener que seguir vendiéndole al mundo. ¿Quién se va a comer la agricultura argentina acá? ¿O la brasileña? Ni locos. Y dejamos en el tintero otras cosas. Por ejemplo: ¿no vamos a integrar la inteligencia, la cultura? Fíjese en los programas universitarios. De acá se va un ingeniero a España y trabaja. Pero un profesor argentino no puede venir a dar clases al Uruguay. Estamos locos. Hay una cantidad de cosas para arreglar. Pero si no integramos la inteligencia y la cultura, lo demás tiene patas cortas.
-¿Le preocupa el papel de Hugo Chávez?
-El problema que tiene Chávez es que habla demasiado. Hay que hablar menos.
-Casi como Fidel Castro, ¿no?
-No, pero Fidel es mucho más sabio.
-Más allá de cuánto habla, se le cuestionan sus avances contra la libertad de expresión, la educación, la propiedad privada. ¿Cómo se lleva usted con la peor faceta de Chávez?
-Eso va a durar un tiempo. Le tengo simpatía porque él está dando respuestas sociales a mucha gente pobre. Es un país de locura.
-¿Y si las formas no son las mejores?
-No son las más puras ni cosa que se les parezca, pero había gente que tenía una forma más pura y se robó todo. Venezuela debe de ser uno de los países más robados de la Tierra.
-Por lo visto, si es elegido, piensa mantener y profundizar la relación con Chávez.
-Para nosotros, tiene importancia. Somos dependientes del petróleo. Y Venezuela importa tres veces toda la leche en polvo que produce Conaprole [Cooperativa Nacional de Productores de Leche]. En cuanto al manejo de ciertas cosas, yo a él le dije: "Mirá que vos no construís ningún socialismo. Acá te va quedar una burocracia que sabés lo que es, ¿no?"
-¿Y qué le contestó Chávez?
-¡Qué quiere que me diga! Yo no lo voy a convencer. Yo le digo lo que pienso.
-Si gana en octubre, ¿qué tipo de relación tendrá con los Estados Unidos?
-Yo tengo que ser especialista en relaciones con América latina. Y Astori tiene que ser especialista en donde hablen en inglés.
-¿Se va a repartir así el gobierno?
-Sí. En China puedo tener mejor relación porque estuve allá en la época de Mao y la conozco. Pero Estados Unidos es muy importante como para darse el lujo de ignorarlo en una pequeña república. Y menos, tener prejuicios. Para qué sirven los prejuicios si no dan resultados prácticos.
-Algunos medios uruguayos sostienen que usted sigue la estrategia de Lula para ganar las elecciones en Brasil: moderar sus posturas más radicalizadas para atraer el voto de la clase media. ¿Es realmente así?
-No es que yo trate de moderar. Hay una posición filosófica e inteligente de Lula, que es tratar de negociar los conflictos, resolverlos por la vía de la negociación. Si no se puede 100, consiga 20, pero consiga algo. No estancarse en una lucha indefinida de confrontación que al final le cuesta mucho y termina perdiendo mucho más. Evitar la confrontación y tratar de desembocar en una negociación. Como método, es lo más económico en esfuerzo para la sociedad entera. Porque cuando se está en el gobierno, también hay que mirar cómo se incide en el resto de la gente. No hay derecho a amargarle la vida a muchísima gente por lo que a uno se le ocurre en el gobierno.
-¿Usted entonces se ve más reflejado en el espejo de Lula que en el de Chávez?
-Creo que sí. Da mucho más resultado esa política de negociación. Atempera más.
-En su caso, ¿no es sólo una estrategia para conseguir más votos?
-Yo estoy convencido. En el arte de gobernar, hay que evitar la confrontación todo lo que se pueda. Y negociar cuarenta veces. Lo he dicho por el lío que tenemos con Botnia. Si yo hubiera estado de canciller en la Argentina, me habría sentado frente a la embajada uruguaya en Buenos Aires y me la pasaría llorando, llorando y llorando.
-Y el presidente Tabaré, ¿no pudo o no quiso haber solucionado el conflicto por Botnia?
-Tabaré es un enamorado de la dignidad. Y en los valores que tiene, negociar mucho, insistentemente, sería como perder la dignidad del país.
-No es de sentarse a llorar, como usted.
-No, claro. No encaja con la psicología de él. Yo lo entiendo perfectamente, pero hay cosas que no se le pueden pedir a Tabaré.
-¿Y qué haría usted para solucionar el conflicto si llega a la presidencia uruguaya?
-Una cosa parecida. Negociar, negociar y negociar. Hasta que resulte insoportable. [Se ríe.]
-¿Una de sus primeras medidas sería respecto de este tema? ¿Qué haría para que se desbloqueen los puentes entre los dos países?
-Alguna cosa habría que hacer, pero hay que tener la habilidad de pedir lo que le pueden dar. Nunca se acorrala a un gobierno. Porque si lo acorralo, no le dejo capacidad de maniobra.
-Pero si los Kirchner son aliados de ustedes, ¿por qué ellos tienen una postura tan contemplativa respecto de los piquetes?
-Y yo qué sé... Están encalacrados [ N. de la R.: atrapados, en portugués] ahí.
-¿Pero por qué no producen algún gesto?
-No quiero decir lo que pienso sobre los piquetes porque pasado mañana hay que arreglar. Hay que arreglarlo dándole una salida a Gualeguaychú y a los intereses que están ahí.
-¿Botnia está trabajando con eficacia en la protección del medio ambiente?
-Menos mal que el medio ambiente lo cuida Botnia. Si lo tuviéramos que cuidar los uruguayos y los argentinos, ¡pobre medio ambiente! [Risas.] Los finlandeses son serios, pueden ganar mucha plata ahí y no van a cometer la estupidez de pudrir un negocio brillante por agredir el medio ambiente. Son más inteligentes que nosotros.
-¿Qué le parece el gobierno de Tabaré? ¿Es el que usted imaginaba?
-Y... bastante bueno para la incertidumbre que tuvo que sortear. Pagó un precio. Tuvo que juntar todo el peso político en un gabinete para que no se le escapara nada. Y no se le escapó nada, pero se le fosilizó la estructura política. Ningún gobierno se debe comer el partido porque, si lo hace, se come la utopía. El partido es lo único que queda. Y hay que pelear por salvarlo. El partido tiene defectos y tiene errores, pero hay que trabajar para que los supere, para que tenga autoridades internas, para que tenga justicia interna, filtros, para que pueda escupir lo que no sirve. Si no, caemos en los tipos iluminados.
-Los Kirchner tienen un estilo duro, de no dialogar, no negociar. Usted, que cree mucho en la negociación, ¿qué consejo les daría?
-¡Qué le voy a dar consejos! ¿Usted está loco? ¿Quién soy yo para darles consejos! [Risas.]
-Quizá como un hombre con cierta afinidad ideológica...
-Es que yo no sé cuál es la ideología de los Kirchner, sinceramente, no sé.
-¿No se supone que son de centroizquierda, progresistas?
-Parece que son progresistas. Pero son peronistas también. Y para entender acá en el Uruguay nos resulta bravísimo.
-En la Argentina, a veces, también?
-El peronismo es un fenómeno sentimental. Usted encuentra toda la fauna ahí. [Risas.]
-¿Por qué cree que la Argentina es un país en el que cuesta tanto llegar a los acuerdos políticos, donde no se pueden definir políticas de Estado y en el que quien llega al gobierno barre con lo que hizo el anterior?
-Porque no deben de tener ningún proyecto de futuro. Viven demasiado en el presente. Tienen una crisis de utopía. Nosotros corremos riesgos y vamos a terminar arrollados por [Marcelo] Tinelli. Por eso yo estoy planteando acá la propuesta de hacer un país más inteligente.
-¿En qué consiste?
-Que en los próximos 15 años no quede un sólo muchacho sin formación terciaria. Después nos pelearemos en veinte cosas, pero transformar eso en una política de acuerdo nacional. La materia prima fundamental está en el balero.
-¿Qué es el poder para usted?
-Es una novia escurridiza, que nunca se tiene porque cuando la aprieta, se le escapa. Lo que pasa es que el hombre es un bicho muy vanidoso. Sólo tenemos pedazos de poder.
-Pedazos con los que usted tendrá que lidiar seguramente si llega a la presidencia.
-Hay que tratar de compartirlo. Hoy, el poder tiene mucho que ver con construir equipos. Evitar los hombres providenciales y los que se las saben todas. Cuando un tipo importante se va, que quede gente que lo supere. Un buen gobernante vale mucho más por lo que deja para que hagan, que por lo que hace. Si no, no hay continuidad.
-He leído algunas declaraciones suyas que me llamaron la atención, como cuando dijo que hay que pelear por los derechos humanos de los que están vivos y de los que están desapareciendo hoy. Por decir algo semejante, en la Argentina lo habrían acusado de haberse vendido a la derecha.
-Tengo el defecto de decir lo que pienso y a veces me cuesta dolores de cabeza. A los tres o cuatro días de salir de la cárcel, dije un discurso en el que afirmé que no creía en ninguna forma de justicia humana. ¡Pa´ qué! Me dijeron de todo. Hasta hoy lo creo. El ser humano, para poder convivir en sociedad, tuvo que inventar la Justicia porque, si no, sería la ley del Talión. Pero eso de la imagen de la Justicia, una vieja con unos platillos de la balanza... ¡Yo qué sé! Es cierto que necesitamos algo que transe, que nos juzgue.
-Usted también dijo que no cree en los militares viejos presos.
-Sí, yo no quiero tener viejos presos. Viejos de 75, 80 años... Pero no sólo los militares, ningún preso a esa edad. Hay algunos viejos que están ahí presos, que Dios me libre...
-¿Y cómo se saldan esas cuentas del pasado en materia de derechos humanos?
-No sé. Entiéndame: soy un hombre que estuvo mucho preso. Mi punto de vista puede estar viciado por conocimiento de causa.
-En la Argentina todavía tenemos ese debate entre quienes quieren revisar a fondo todo lo que pasó y quienes dicen hay que hacer un punto final y mirar hacia adelante.
- Yo quiero saber la verdad, pero en la Justicia no creo un carajo.
-¿Y cómo se llega a esa verdad, entonces, si no es a través de la Justicia?
-En lo personal, he pensado: si me dicen la verdad, te conmuto la pena. Si lo que me interesa es la verdad. Pero, ¿las sociedades se bancan eso? Porque la Justicia tiene un hedor a venganza de la puta madre que lo parió. Y tengo la conciencia de que lo que pasé no me lo va a devolver nadie. Tengo que cargar con eso como una mochila, una cicatriz, como si uno hubiera tenido un accidente, una enfermedad.
-Usted apostó a la lucha armada para llegar al poder y conseguir cierto tipo de sociedad y ahora está a punto de conseguirlo, pero lo podrá hacer por los votos. Lo habrá pensado más de una vez, ¿no?
-Lo que pasa es que por la vía armada tampoco llegábamos a la tierra prometida. Ahora tampoco. Los dos momentos tienen una cosa en común.
-Ahora está mucho más acompañado.
-Seguro, y es mucho más liviano, pero uno ya no se propone cambiar el mundo.
-¿Qué se propone?
-Subir un par de escalones. Después, otros van a seguir.
-¿Una etapa más reformista que revolucionaria?
-Francamente, sí. Hay que hacer reformas positivas, pero que no se agoten con uno.
-¿Qué es hoy ser revolucionario, a diferencia de los años sesenta o setenta?
-[Se toma unos segundos] Tener una sensibilidad grande hacia los problemas sociales. Me siento apuntalando cosas que son revolucionarias. Lo he hecho tranquilamente en todos estos años. Debe de haber unos 3000 trabajadores que están tratando de mandarse a sí mismos.
-¿Experiencias de autogestión?
-Sí, las he apuntalado en todo lo que he podido. Porque ser jefe de uno mismo debe de ser lo más difícil. Cuando la gente se acostumbró a que le paguen todos los meses, a tener una rutina, a cumplir un horario y después, "chau, a mi casa".
-¿La revolución de hoy es cambiarle la vida cotidiana a la gente, el día a día?
-No se puede intentar agarrar el poder cuando no se sabe lo que se va a hacer con él. Y los trabajadores no pueden agarrar el poder porque son dependientes. Ese es un factor que no lo medíamos hace 40 años. Porque después le sale un engendro que es la burocracia.
-¿Qué extraña de esos años de militancia en el movimiento Tupamaro?
-Se extraña la militancia. Uno era más joven y siempre se tiene la añoranza de los años frescos del cuerpo. Pero se puede y vale la pena mejorar el mundo. No hay una salida apocalíptica, de un día para el otro, o que llegamos y tenemos un desfile o un arco del triunfo. Es una escalera interminable donde vamos subiendo escalones, aprendemos algo, dejamos algo, y otros siguen, y así sucesivamente. Es un camino sin fin. El día que creamos que hemos llegado, estamos fritos.
-¿De qué se arrepiente de esos años en que usted tomó las armas?
-De lo que más me tengo que arrepentir de la lucha armada es de que este pueblo se comió 16 años de dictadura y no la pudimos sacar a patadas. [Se ríe.] Ahí fallé como militante.
-La lucha armada fue un fenómeno no sólo uruguayo, pero ¿no pensaron en otra vía?
-Había una especie de modelo, con la conquista del poder para construir una sociedad sin clases, pero resulta que le aparece el monstruo de la burocracia que le come todos los ideales. Y lo revolucionario desemboca en estos burócratas acomodados. Es el mundo de la desilusión.
-No hablamos de que esa lucha estuvo asociada con la violencia, con la muerte. ¿Se arrepiente de haber elegido ese camino?
-Sí, claro. Pero usted está en Uruguay, no en la Argentina. La vida humana acá siempre... A nosotros nos dicen guerrilla, pero tenemos mucho de movimiento político con armas. Y la violencia en Uruguay fue muy justificada. Las barbaridades que pasaron en otro lado, acá no...
-¿Justificada por qué? ¿En qué sentido?
-Nosotros, en las operaciones discutíamos? Hemos perdido vidas porque la consigna era que no fuera cruento, que no hubiera hemoglobina. El más preocupado por eso era el viejo compañero Sendic [Raúl, uno de los fundadores de los Tupamaros], que decidía el encuadre político de las operaciones. En otras partes de América, la vida humana valía menos que la de un perro.Nosotros cometimos algunos disparates porque tuvimos desviaciones militares.
-La hago una pregunta difícil: ¿a usted le tocó matar a alguien en esos años?
-No, a mí no. No le pegué [Se ríe.]
© LA NACION
¿Podrá Pepe Mujica? En todo caso, ¿podrá Uruguay elegir presidente a un hombre poco convencional, con un pasado violento y un presente moderado? Sería otra muestra de tolerancia en un país que ha hecho de la tolerancia una marca registrada. Sea como fuere, es un personaje distinto. De una extrema sencillez, con mucho carisma y con una espontaneidad que le puede traer muchos problemas, internos y externos. No lo imagino como dirigente en la Argentina, donde seguramente tendría problemas con los Kirchner y con la izquierda más ortodoxa por su postura respecto de los derechos humanos. Me costó llegar hasta él no porque sea difícil entrevistarlo, sino justamente por lo contrario: tiene una disposición tan amplia a reunirse con cualquiera que no hay agenda que resista. Pudo comprar el "Pepemóvil", la camioneta usada con la que recorre el país, gracias a lo recaudado para un asado en su famoso quincho, a 200 dólares el cubierto. ¿Cómo imaginar algo parecido entre los candidatos de nuestro país? Da la impresión de que se transformó en un pragmático que no vendió su alma al Diablo. Y de que trata de explotar su costado menos beligerante. Por eso me sorprendió que accediera a hablar con tanta franqueza de su etapa tupamara, aun con sus contradicciones. "La violencia fue muy justificada", es una frase tremenda, por más que haya reconocido "disparates" y que haya mostrado arrepentimiento por aquellos tiempos sangrientos. Pude entrevistar a otros ex líderes guerrilleros, pero eran argentinos. Nunca los noté arrepentidos de nada.
1.- Cerca de la meta
Lidera las encuestas y puede llegar a convertirse en las elecciones del 25 de octubre en el sucesor de Tabaré Vázquez, con una personalidad totalmente distinta y una militancia en el sector más radicalizado del Frente Amplio.
2.- De la violencia a la paz
Pasó de la guerrilla más dura a esta versión pacificada, en la que admite que la cárcel lo cambió y que se arrepiente de los hechos sangrientos. Quiere que se conozca la verdad, pero no cree en la Justicia.
3.- Continuidad
Dice que mantendrá la política de Tabaré. Se muestra pragmático al hablar del conflicto por Botnia y, sobre todo, al anunciar que buscará llevar tranquilidad al establishment económico, en una gestión sin "barquinazos".
Tiempo libre. "¡Qué voy a tener tiempo libre! Pero cuando puedo me subo al tractor y recorro el campo. Es mi forma de desconectarme y de recuperar fuerzas."
Fidelidad. A José Mujica lo sigue, a sol y sombra, Manuela, una perra de raza difusa pero de una fidelidad asombrosa, que tiene amputada parte de su pata delantera izquierda, algo que no le hace perder movilidad. "Una vez ella iba y venía por el campo cuando la atropellaron unos perros, se descuidó y la agarró una disquera. Tengo, además, cuatro labradores."
Lugar. "Si gano las elecciones, voy a seguir viviendo en la chacra. Pero no voy a poder ir a trabajar en moto, como hacía cuando asumí como diputado. Es que ya estoy muy veterano. Iré en un autito."
Traje. "Me puse traje para ir a visitarlo a Lula, pero estoy a la moda: lo uso sin corbata. No fue la única vez que me vestí así. También cuando vino Fidel Castro."
Mujeres. "Hace poco dije que no sabía si Cristina Kirchner iba a poder (gobernar), porque no sé si en la Argentina le dan mucha pelota a una mujer. ¿Usted me pregunta si mi esposa gobernará conmigo, como hacen los Kirchner? No, mi mujer es la que manda. Ella me manda a mí."
Pareja. Mujica y Lucía Topolansky están juntos desde que se conocieron, en 1967. Se casaron en 2005 y no tienen hijos.
Encierro. "En la cárcel me hice panteísta. Siempre me gustó la naturaleza, pero una de las formas de combatir la soledad es tener algo vivo. Por eso en el calabozo descubrí que las hormigas gritan. Se las pone al lado de la oreja y va a descubrirlo. Llegué a tener 8 o 9 ranitas. Le ponía un vasito y se bañaban. Y unas ratas que venían a las dos de la mañana a comer pan."
Contribución de: Antonio Pehar

Madrid (Centro Editor), (dpa) - La quiebra del banco inversor estadounidense Lehman Brothers desencadenó hace un año una dramática sucesión de acontecimientos que derivaron en la peor recesión global desde la Segunda Guerra Mundial. Una cronología:
15 de septiembre de 2008: "Lunes negro" en Wall Street. El banco de inversiones Lehman Brothers anuncia la insolvencia. Su rival Merrill Lynch es comprado por el Bank of America. La caída de Lehman mina la confianza en el sector financiero, el mercado del crédito queda prácticamente congelado y las bolsas se hunden.
17 de septiembre: La Reserva Federal salva a la aseguradora AIG con un crédito de 85.000 millones de dólares.
19 de septiembre: El gobierno estadounidense anuncia un plan de rescate por 700.000 millones de dólares para el sector financiero.
21 de septiembre: Los dos últimos bancos de inversión de Estados Unidos, Goldman Sachs y Morgan Stanley, renuncian a su estatus especial y se convierten en bancos comerciales.
25 de septiembre: La mayor caja de ahorros norteamericana, Washington Mutual, quiebra y es adquirida por J.P. Morgan Chase.
29 de septiembre: El grupo financiero inmobiliario alemán Hypo Real Estate es socorrido con un plan de ayuda de 35.000 millones de euros.
30 de septiembre: El gobierno de Irlanda decide garantizar con 400.000 millones de euros todos los depósitos de los seis mayores bancos del país.
3 de ocubre: La mayor intervención estatal en mercados de capital de la historia de Estados Unidos se convierte en ley con la firma del entonces presidente George W. Bush.
5 de octubre: El gobierno alemán anuncia una garantía total para depósitos privados. El plan de rescate para el banco Hypo Real Estate se aumenta de 35.000 a 50.000 millones de euros. El banco será luego nacionalizado. El costo de su rescate se eleva a los 100.000 millones de euros.
7 de octubre: Islandia advierte de una "bancarrota estatal" y asume el control del sistema bancario. Caen más las bolsas.
España anuncia el aumento de la cobertura de los depósitos bancarios de 20.000 a 100.000 euros. Se crea además un fondo con cargo al tesoro público de 30.000 millones de euros, ampliable hasta un máximo de 50.000 millones, para garantizar la financiación de empresas y ciudadanos.
8 de octubre: Seis grandes bancos centrales bajan sus tipos de interés. La medida sólo logra atenuar el pánico en los mercados.
13 de octubre: El gobierno alemán presenta un plan de rescate de los bancos por 500.000 millones de euros. Francia presenta un plan de ayuda de 360.000 millones de euros. Otros países de la Unión Europea también anuncian paquetes. Inspirándose en el paquete británico, se impone un plan mixto de garantías para restaurar el flujo crediticio entre bancos y la nacionalización parcial de bancos.
21 de octubre: El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, propone nacionalizar industrias claves. Alemania rechaza la propuesta. Se agudiza la discusión sobre los paquetes de ayuda.
22 de octubre: Bush convoca a los jefes de Estado y gobierno del G20 a una cumbre financiera mundial de urgencia el 15 de noviembre en Washington.
29 de octubre: La Reserva Federal baja su tasa de interés en 0,5 puntos porcentuales a 1 por ciento.
20 de octubre: Japón anuncia un paquete de estímulo económico por valor de 276.000 millones de dólares.
3 de noviembre: El Commerzbank -el segundo mayor banco alemán- y los regionales HSH Nordbank y WestLB acuden al plan de rescate. Antes pidió ayuda el BayernLB.
4 de noviembre: La elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos provoca un breve optimismo en la bolsa.
5 de noviembre: El gobierno alemán aprueba un plan de ayuda de 12.000 millones de euros para afrontar el debilitamiento de la economía. Espera impulsar inversiones por 50.000 millones de euros y asegurar un millón de empleos.
6 de noviembre: El BCE baja la tasa de interés al 3,25 por ciento, la primera de una serie de recortes que dejará el tipo en su nivel actual, de un 1,0 por ciento. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, todos los países industrializados entrarán en recesión.
9 de noviembre: China anuncia un plan de ayuda por casi 600.000 millones de dólares para los próximos dos años, para evitar la ralentización económica mundial y estimular la economía interna.
14 de noviembre: La zona euro entra por primera vez en recesión.
15 de noviembre: El G20 celebra su cumbre en Washington con el propósito de iniciar la reforma del sistema financiero mundial.
20 de noviembre: El precio del barril de petróleo cae por debajo de los 50 dólares por primera vez en tres años y medio.27 de noviembre: El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, anuncia un crédito extraordinario de 11.000 millones de euros para financiar inversiones. Los municipios tendrán 8.000 de esos millones para obra pública urgente. Se espera crear 300.000 empleos en 2009.
1 de diciembre: Estados Unidos anuncia oficialmente que se encuentra en recesión.
16 de diciembre: La Reserva Federal norteamericana reduce las tasas de interés a un histórico 0,25 por ciento.
19 de diciembre: La Casa Blanca acuerda una ayuda de 17.500 millones de dólares para los fabricantes de automóviles General Motors y Chrysler.
Contribución de: Antonio Pehar
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